Nota Bibliográfica

   

Nació en Barcelona, el 8 de junio de l926 en el seno de una familia de trabajadores.

 

Eran tiempos difíciles y su infancia transcurrió entre grandes dificultades que dejaron en ella un poso de amargura difícilmente superable.

 

Cursó sus primeros estudios en el Colegio Pi i Margall, en Santa Coloma de Gramenet. Los continuó en la Escuela Manent, de la misma ciudad, adscrita, de algún modo, a La Escuela Moderna, fundada en Catalunya a principios del siglo XX por Francesc Ferrer i Guardia.

 

La Guerra Civil y especialmente la posguerra, marcaron profundamente su vida. Sus ojos de niña y, después, de adolescente, se llenaron de imágenes, actos, situaciones, que nunca ha podido olvidar.

 

En 1941 se trasladó con su familia a Valencia donde estudió tres cursos de Bachillerato, en clases nocturnas, en una academia privada. La precaria situación económica por la que la mayoría de los españoles atravesaron por aquellos años, la necesidad de trabajar y múltiples problemas más, la obligaron a abandonar sus estudios, por lo que puede considerarse de formación autodidacta, puesto que por propia iniciativa y con un afán obsesivo de aprender, siguió estudiando: cursillos de Historia, de Literatura, de Gramática, de Lengua Francesa. La lectura, orientada por personas de alto nivel intelectual, fue una de sus dedicaciones y su más importante fuente de conocimiento. Otra, el Teatro. Actuó dos años como actriz en el Centro Cultural “El Micalet”, considerado como  escuela de interpretación. La actividad teatral fue compaginada con su colaboración en el modesto negocio de sus padres y sus trabajos como bordadora. Posteriormente entró como mecanógrafa en un establecimiento de venta de aparatos de radio y tomó parte en otros trabajos esporádicos. Después, fue contratada por el teatro “Casa de los Obreros”, ya con carácter profesional, donde permaneció una temporada.

 

Su afición por la literatura, especialmente por la poesía, la llevó a presentarse, en 1954 , al Premio “Valencia” de Poesía, entonces uno de los certámenes más destacados de España. Obtuvo el premio con su libro “Poema del soldado”. publicado un año después por la Institución  “Alfonso el Magnánimo”, de la Diputación Provincial de Valencia.

 

Ese mismo año contrajo matrimonio con Eduardo Sánchez Lázaro, con quien, dos años antes, había fundado el teatro de cámara “El Paraíso”, que tuvo una gran difusión, sobre todo en los círculos intelectuales de la ciudad. El nombre, de Angelina Gatell, tanto  por sus actuaciones teatrales como por el premio conseguido, recitales y publicaciones, adquirió, un cierto relieve. La prensa y la radio le pidieron colaboraciones. Unos artículos publicados en uno de los periódicos locales y unas declaraciones radiofónicas, acabaron con sus incipientes éxitos.

 

Aproximadamente dos años más tarde, ya con un hijo, el matrimonio se trasladó a vivir a Burjasot, pueblo cercano a Valencia, donde fueron contratados por el teatro “Círculo Católico”, él como director y actor, ella como actriz. En dicho teatro, también como profesionales, actuaron  durante una temporada.

 

En 1958, la familia se trasladó a Madrid en busca de un porvenir más prometedor que tal vez una ciudad más grande y con más posibilidades, podría ofrecerles. Allí realizó trabajos en T.V.E.  como actriz y guionista. También formó parte, esporádicamente, del cuadro de teatro de Radio Nacional. y trabajó haciendo reportajes para una agencia de prensa. Finalmente, fue contratada por unos estudios de doblaje. Ejerció esta profesión  durante treinta y un años, alternando su trabajo de actriz con el de adaptadora de diálogos, traductora y directora de doblaje.

 

En Madrid tuvo dos hijos más, frecuentó tertulias y centros culturales, publicó varios libros, colaboró en diferentes publicaciones como escritora y crítica literaria, participó frecuentemente en diversos actos con lecturas y conferencias y tradujo más de cien libros.

 

A lo largo del franquismo desarrolló también actividades desde la oposición. Ayudó, tanto en Valencia como en Madrid, a quienes necesitaron ayuda. Una mínima labor en nada comparable a la de tantos y tantos luchadores que arriesgaron y perdieron sus vidas en beneficio de todos y fueron artífices de una España con más esperanzas. Pero ella, desde su modesta contribución, aportó siempre lo que estuvo en su mano, desde sus días casi adolescentes. Alguien que la conoce bien, escribió hace muy poco: “Hay quienes la recuerdan todavía en la puerta de las cárceles, de las fábricas, en la calle...”